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Lugar: Moscú
El multimillonario ruso Aleksandr Kasianenko admiró a su novia top model cuando salió, descaradamente desnuda, de la piscina interior de su lujosa mansión moscovita. Se llamaba Bianca, y era famosa en todo el mundo.
Dios, qué hermosa es, pensó Aleksandr. Hermosa y flexible como un felino. Se mueve como una pantera, y en la cama es una tigresa salvaje. Soy un hombre muy afortunado.
Bianca era mestiza: su madre era cubana y su padre negro. No cabía duda de que había heredado los mejores rasgos físicos de sus padres.
Se había criado en Nueva York, la habían descubierto a los diecisiete anos, y ahora, a la edad de veintinueve, era la modelo más cotizada del planeta. Alta, delgada y ágil, de piel color café, hermosas facciones, labios gruesos naturales, penetrantes ojos verdes y lustroso cabello negro largo hasta la cintura, Bianca cautivaba tanto a hombres como a mujeres. Los hombres la encontraban irresistiblemente sexy, mientras que las mujeres admiraban su sentido del estilo y su humor obsceno, que exhibía cada vez que aparecía en programas de entrevistas nocturnos.
Bianca sabía cómo comportarse delante de las cámaras, y sabía muy bien cómo vender su producto. A lo largo de los anos había ido creando un pequeno imperio que incluía una excelente línea de joyas, gafas de sol exóticas, una asombrosa colección de maquillaje para mujeres de color, y varios perfumes que se vendían muy bien.
Había dominado el arte de vender, y ganado una fortuna. Entonces, a la edad de veintinueve anos, había decidido por fin que, en lugar de ser un hombre orquesta que trabajaba con ahínco por su dinero, debía buscar un rico poderoso que la cuidara y convirtiera el dinero que había ganado en un emporio.